Un día de mar de Barcelona a Masnou alquilando un barco.
Soy de esas personas que se marean mirando al mar, así que no debería gustarme navegar, al menos en principio. Pero lo cierto es que si que me gusta, por muy mal que me siente salir en barco. Así que cuando me propusieron salir a navegar por la costa, entre Barcelona y El Masnou, no lo dudé un instante y me apunté.

Por varias razones.

La principal es por el mar en sí. Segunda es porque no soy de esas personas que solo hace aquello que se le da bien. La tercera es porque en el mar conoces mejor a la gente. Al subirse a un barco sucede algo muy curioso: que las personas se dividen en dos grandes grupos. A un lado, las que se sumergen en su mundo y se quedan como al margen. Al otro, la de las personas que se convierten en camaradas por unas horas y lo comparten todo. Esta conducta no tiene nada que ver con lo que sucede en tierra, quizá porque no somos las mismas personas en tierra que las que somos en el mar. Yo creo que sucede porque las reglas del mar son diferentes, comenzando por la primera regla de todas: el mar no tiene reglas.

Lo que parece que va despacio, va en realidad muy rápido, y lo que está lejos, no lo está tanto.

Nada está en horizontal, excepto el horizonte. Todo es relativo, incluso la tierra cambia de dimensión, se empequeñece mientras que el tiempo se expande. Incluso los colores cambian continuamente en el mar. Nos lo imaginamos azul, pero en un mismo instante pasa a gris, verde, negro, todos los colores son posibles. Sin explicación, basta una nube, o el cambio de viento, o simplemente del propio rumbo del barco, especialmente en otoño.
Y si uno se cansa de colores, siempre está el sonido, o la ausencia del mismo. Es extraño, todos nos imaginamos el sonido del mar en la costa, pero ¿Cuál es el sonido del mar cuando navegas?. En realidad ninguno, el mar no parece hacer ruido alguno, tan solo parece transportar los sonidos de otras cosas. Esto se nota especialmente cuando navegas por el puerto. En cuando comienzas a enfilarte hacia la bocana del puerto el sonido cambia y ya no es igual hasta que vuelves a tierra.
Todo esto debe de ser normal para los que salen a navegar, sea por deporte, para pescar, o para pasar el día con amigos. Para alguien que suele ponerse verde en el momento que se sube a un barco, no lo es tanto. Son cosas mágicas, que merecen atención.
Rent a boat Barcelona. Reservar un barco Barcelona.

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Navegar desde el puerto Olímpico de Barcelona.

Puede parecer prosaico, pero no lo es, es cualquier cosa menos un puerto aburrido, aunque el Port Vell es aún mejor. Navegas entre los grandes barcos y yates de lujo que vienen y van, o los que están varados en reparación. De repente eres mucho más consciente de sus dimensiones. Un barco atracado en el muelle parece un barco, desde la tierra; desde el mar parece otra cosa. Algunos son absolutamente descomunales, otros están plagados de detalles que no puedes ver desde el puerto. Salir en una lancha pequeña, donde caben media docena de personas, te da otra perspectiva entre los levitares del mar.
Lo mismo sucede con la ciudad, con toda la costa, con todo lo que creías que conocías bien, pero que desde el mar tiene otras dimensiones. Se dispone de una forma totalmente distinta de lo que te imaginabas. Otra cosa que me gusta de navegar es que te puedes acercar a todo aquello que te interesa. Cuando conduces, eres un prisionero, pero cuando navegas, eres libre. Incluso para ser un poco fisgón, para acercarte a las cosas de una forma completamente distinta, como si hicieras zoom sobre el mundo.

El tiempo pase de una forma indeterminada.

Todo ello tiene el efecto de hacer que el tiempo pase de una forma indeterminada. No va ni rápido, ni lento, lo único que cuenta es el ritmo de las olas y el viento. Un viaje de ida y vuelta hasta El Masnou no tiene un tiempo definido, el tiempo lo marca el mar, como la derrota. Tú pones un rumbo, lo vas corrigiendo, llegas cuando llegas, amarras, repostas y desayunas. Lleva un barco no es tán fácil como parece. En cualquier momento dado, el barco parece tener vida propia y escoger su propia ruta, hay que corregir continuamente. Luego están los códigos del mar, cuando llegas a puerto. Cosas como “Roma llamando a marinero” y el marinero viene y te ayuda con el combustible. Y llegas a otro sitio sin ir por tierra, cosa que a mí siempre me ha parecido increíble. Puede que sea normal, pero a mí no me lo parece. Más bien me parece algo realmente especial.

El tiempo pasa volando en el mar.

Aunque estoy seguro de que en una tormenta no va tan rápido. Más bien estoy seguro de que se te tiene que hacer eterno. Para mí lo sería aunque solo fuera por el mareo que suelo pillar, aunque la verdad que hace años que soy capaz de navegar sin ponerme completamente enfermo. El truco parece ser alinearme con el horizonte y las olas de una cierta forma, no quedarme quieto en una posición constante. Y a ratos, mantener silencio, aunque el mar creo que te anima a ser más bien sucinto y un poco lacónico. Se traga las palabras, al menos las superfluas, quizá de ahí vienen tantas leyendas. Sea como sea, salir a navegar un día es algo especial y merece la pena probarlo, aunque solo sea para descubrir Barcelona de una forma diferente. Hasta me estoy planteando sacarme el título de patrón de barco. A lo mejor acabo siendo un lobo de mar, mareado sin duda
De Barcelona a Masnou alquilando un barco. Reservar un barco Barcelona.

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BARCELONA BLANES BOAT CLUB

Redactado por Gabino Carballo. Reservar un barco Barcelona.

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